Dar vida a los años

27-AVuelve a ser 11 de mayo. Un día que para ti seguramente solo será un miércoles, sin más. Hoy, sorprendetemente, creo que no es el Día Mundial de nada. Por eso hoy, al menos yo, celebro el Día Mundial de Cumplir Años. Porque hoy sumo otro más. Y ya van 27. Y es el primero en el que me voy a repetir una cosa: “Nuria, no es tanto cumplir años, sino dar vida a los años”. En poco tiempo, en estos últimos meses, he sido testigo de la despedida, demasiado pronto, de dos grandes compañeras de redacción. Ellas, Mónica y Blanca, han sido y son un claro ejemplo de ello. Del “darle vida a los años”.Y dentro del “darle vida a los años” entran el abrazar experiencias nuevas, alejarse de lo tóxico, ser feliz y hacer felices a los que te rodean. Esto es algo que nos dicen desde pequeños y de lo que no llegamos a ser conscientes hasta que la vida nos hace darnos contra un muro.

Soy una de las más periodistas más jóvenes de la redacción y cada día, cuando me quejo de algún achaque, de que duermo menos o que ya no estoy igual si salgo al día siguiente, hay cuatro, cinco o, incluso, seis voces que me repiten: “¡Pero si eres una niña!”. Y yo, desde la inocencia, me empeño en defenderme: “De verdad que lo noto. ¡Que me hago mayor!”. Y sí, me hago mayor. Lo noto cuando se van sumando a mi rutina cosas como pagar facturas, I.V.A, hacer la declaración de la Renta, llamar al fontanero… Cosas como que cada vez tu círculo de amigos, amigos de verdad, se va reduciendo. Amigos que te van invitando a sus bodas, que van teniendo hijos… ¿No te da la sensación de que la vida a partir de los ‘veintipocos’ pasa demasiado rápido? Imagino que aquí mis abuelas se reirían y me dirían: “Imagínate a partir de los 60”.

Es por eso que hoy, 11 de mayo, mi Día Mundial de Cumplir Años, doy gracias por ello, por sumar uno más. Ya es el tercero que estoy lejos de casa, de mi familia, de mi tierra, de muchos amigos que luchan por buscarse la vida fuera de España mientras yo, afortunada, lo pasaré, otro año más, trabajando para lo que creo que he nacido. Un regalo, sin duda. Aunque el mejor es seguir viviendo. Que no se nos olvide.

Que no se me olvide.

Silenciando lo más cercano, la información local

mafalda_leyendo_el_periodico1Cuando callan a un periodista, callan tu derecho a saber. Y cada vez hay más silencio cerca de ti. Sí, cerca de ti. Emisoras, televisiones, digitales o periódicos municipales, comarcales y hasta autonómicos que cierran porque no se apuesta por ellos. Y muchos cierran en silencio por el silencio de una crisis que sigue generando censura, control de medios, EREs salvajes en las redacciones… Esto existe sí, y tenemos que seguir denunciándolo.

Pero, este año, en este Día Mundial de la Libertad de Prensa, me parecía necesario poner el foco en la información local. Especialidad que está sufriendo especialmente un apagón. La que no sólo te cuenta cada día qué tiempo va a hacer o si hay atascos a la ida o vuelta del trabajo. Es también la que te informa sobre subvenciones a las que puedes acceder, la que pone en jaque a alcaldes y concejales cuando las cosas no se hacen bien, la que defiende y difunde la cultura propia…la identidad de cada pueblo, de cada región. La misma que los grandes medios están intentando apagar con despidos, con el cierre de delegaciones territoriales…

Información a la que algunos ven como “hermana pequeña” pero que, a mi juicio, es la mejor escuela para cualquier periodista. “En la que te curtes”, me decía un experimentado periodista. Especialidad que parece estar en peligro de extinción y que sobrevive gracias al trabajo incansanble de los que sí creen en ella, de los que creemos en ella.

A menos periodistas, menos información y, por tanto, menos libertad para ti y menos garantizado tu derecho a estar informado. El Periodismo tiene sus luces y sus sombras, sí, pero en lo que no hay duda es que es imprescindible para que construyas tu propio criterio desde la justicia, la veracidad y, sobre todo, la pluralidad. El Periodismo, la información, es lo que hará que seas ciudadano y no súbdito.

Piénsalo.

La vuelta al mundo a pie en 3 años

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Decidió tomar el pulso al planeta. EL 21 de marzo de 2013, hace justo tres años, cogió un carrito de trekking, abanderó un mensaje de defensa y respeto a la tierra y se lanzó a la aventura. El resultado son 33.000 kilómetros, 31 países, 12 pares de zapatillas desgastadas y más de 20 ampollas en los pies. Una vuelta al mundo a pie que tiene como protagonista a Ignacio Dean. Un malagueño de 35 años que se ha convertido en el primer español en conseguir esta hazaña. (Esta ha sido, posiblemente, una de las entrevistas más apasionantes que he hecho en mi vida).

Dice que el mayor tesoro de su viaje han sido las personas. Y lo dice con la misma sonrisa con la que, cuenta, más de 300 personas le han abierto la puerta de su casa. Eso sí, como todo viaje, también ha tenido momentos duros. “En Méjico salí corriendo de tres hombres con machetes que le perseguía por la carretera, en El Salvador miembros de las maras intentaron atracarme y en Perú me rajaron los pantalones para robarme”. También recuerda con emoción las noches en Australia en tienda de campaña durmiendo a la intemperie en la montaña mientras caían los rayos de una fuerte tormenta, cuando estuvo a escasos metros de un rinoceronte salvaje… Y es que, como dice Nacho: –así le conocen su familia y sus amigos-

“En la especie humana cabe un Hitler y un Gandhi”.

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Ha intentado vencer cada momento con la esperanza de cumplir un reto personal y nunca ha sentido la necesidad de abandonar. Cuando escucho sus palabras me atrevo a preguntarle ya no sólo por cómo se encuentra físicamente –dice que bien – sino mentalmente. “La soledad era un reto también que superar pero he aprendido a estar conmigo mismo, he cantado, me he reído, he hecho fotografías y me ha dado tiempo a planear cuáles van a ser mis próximos pasos una vez acabe esto”. Y aquí viene otra de mis sorpresas. A la pregunta de qué es lo primero que va a hacer en cuanto acabe: “Tengo ganas de dar una vuelta por El Retiro o La Pedriza”. Lejos de echarse una siesta, ver una película o, simplemente, descansar, Nacho quiere seguir caminando. “Estar quieto me sienta mal”. Por eso, después de hacer todo esto y abrazar a su familia, empezará a escribir un libro con su historia. Un viaje que, dice, le ha servido para, entre otras cosas, aprender a vivir con lo necesario y a huir del ruido de la rutina para escuchar el canto de la naturaleza.

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Casi al final de la entrevista le pregunto si ha sido feliz, si es feliz. Y es que su historia me sirve para contar un testimonio de alguien que acaba de cumplir una meta, un sueño, un reto… justo el día 20 de marzo, día en que se celebra el Día Internacional de la Felicidad. Nacho contesta casi sin dejarme acabar: “Empecé este viaje feliz y lo acabo feliz”.

“¿Qué sentido tiene la vida si no es para luchar por lo que creemos, para hacer de este mundo un sitio más hermoso? Es un milagro estar vivos y esto es un canto a la vida y a la libertad”.

 “El viaje ha sido como una onda. A veces he tocado el cielo y otras el más bajo de los suelos”.

Como la vida misma.

Sempre ens quedarà Alapont11

1457379067101Va arribar fa 31 anys, quatre abans que jo, per a, entre altres coses, preparar-me el camí. I bé que el va preparar perquè, des del principi, va començar a deixar el llistó molt alt. Va aprendre a sumar i a multiplicar quasi alhora que a parlar. El seu primer llibre de capçalera va ser un atles mundial infantil. Va deixar ‘flipà’ a la seua professora depreescolar perquè, quan els seus companys començaven a aprendre a contar fins a 10, ell ja sabia contar cap a arrere. Sempre ha sigut el ‘fora de sèrie’, el que tot ho qüestionava… Ment curiosa, lògica i ordenada. Amic dels seus amics, carinyós amb qui s’ho mereix, ambiciós per ser millor cada dia. Segur d’ell mateix, amb amor propi i, sobretot, generós.

Ell és el meu germà. Javier, o Javi.

El ‘pepito grillo’ sempre pendent de mi, encara que a voltes no em done compte. El que m’agafava en braços, que em soltava la ‘maneta’ pel carrer, però em vigilava perquè no em passara res. El mateix que em va ensenyar a jugar a Mario Bross, a xiular i a fer ruidets en els dits. El que m’entretenia amb baralles de peus en el sofà, el que em despertava amb el so horrorós de ‘La Lambada’ del seu despertador. El que em va convidar al primer ‘cubata’ i em va fer ballar amb ell davant de tota la verbena. El mateix que igual m’arreglava l’ordinador que em portava de festa o em preguntava l’examen de l’endemà.

Tan diferents i a la vegada tan nosaltres.

El millor fill, amic, germà, marit i pare del món. Ell és el meu germà. I, encara que portem molts anys separats, els dos sabem que sempre ens quedarà aquella casa amb pedres blanquetes, quasi grises, on viuen els culpables de que sigam germans. On ens vam conèixer, on vam tindre una infància feliç i on vam aprendre a estar l’un per a l’altre

SEMPRE.

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Llegó hace 31 años, justo cuatro antes que yo, para, entre otras cosas, prepararme el camino. Y bien que lo preparó porque, desde el principio, empezó a dejar el listón muy alto.

Aprendió a contar y a multiplicar casi a la vez que a hablar. Su primer libro de cabecera fue un atlas mundial infantil. (Desde entonces no ha parado de ganarnos a todos al Trivial, sobre todo, a conseguir quesitos azules). Una vez dejó boquiabierta a su profesora de preescolar porque, cuando sus compañeros empezaban a aprender a contar hasta 10, él ya sabía contar hacia atrás. Siempre ha sido el ‘fuera de serie’, el que todo lo preguntaba… Mente curiosa, lógica y ordenada. Amigo de sus amigos, cariñoso con los que se lo merecen, ambicioso por ser mejor cada día. Seguro, con amor propio y, sobre todo, generoso. Ése es mi hermano. Mentiría si dijese que es mi alma gemela. No lo és, pero sí mi complemento. El pepito grillo siempre pendiente de mí, aunque a veces no me de cuenta. Ése que me cogía en brazos, que me soltaba la manita por la calle, pero me vigilaba para que no me pasara nada. El mismo que me enseñó a jugar a Mario Bross, que se enfadaba cuando le ganaba sin saber jugar… El mismo que me enseñó a silbar y a hacer chasquidos con los dedos. El que me entretenía con peleas de pies en el sofá, el que me despertaba con el sonido horroroso de ‘La Lambada’ de su despertador. El que me invitó al primer ‘cubata’ y me hizo bailar con él en mitad de una verbena. El mismo que igual me arreglaba el ordenador que me llevaba de fiesta o me preguntaba el examen del día siguiente.

Tan diferentes y a la vez tan nosotros.

El mejor hijo, amigo, hermano, marido y padre del mundo. Ése es mi hermano. Y, aunque llevamos muchos años separados, los dos sabemos que siempre nos quedará esa casa con piedras blanquitas, casi grises, donde viven los culpables de que seamos quienes somos. Donde nos conocimos, donde tuvimos una infancia feliz y donde aprendimos a estar ahí el uno para el otro

SIEMPRE.

 

Desde los pasillos del Congreso

Sin título-1En los pasillos del Congreso he visto hoy todos los gestos, todas las caras y todas las reacciones habidas y por haber. He visto ego en algunos diputados y, por qué no decirlo, en algunos compañeros periodistas empeñados en meter codo e incluso en morder para conseguir grabar 15 segundos de declaraciones como si se les fuera la vida en ello.

He visto caras de esperanza, de resignación, de ‘te lo dije’. He visto jefes de prensa haciendo guiños a sus diputados para que no hablen más de la cuenta y se callen, ujieres yendo y viniendo con vasos de agua para sus señorías, corrillos de periodistas con políticos y de políticos con periodistas y de periodistas con periodistas cual patio de colegio. He visto miradas de reojo, tropiezos de tacones con las alfombras, diputados disfrutando de un receso jugando al Candy Crush (y no, no era Celia Villalobos).

Desde el Salón de los Pasos Perdidos he escuchado cómo una tal Ana Botella votaba SÍ a Pedro Sánchez, cómo Gómez de la Serna, ex del PP en el Grupo Mixto, escuchaba a sus compañeros del Parlamento recluido sin hablar en su escaño. He asistido con gracia al lapsus de Rajoy diciendo que “lo que nosotros hemos hecho es engañar a la gente” y a un beso a lo culebrón venezolano entre Pablo Iglesias y Xavier Doménech delante de los ministros Alonso y De Guindos mirándose como si de una alucinación se tratara.

En los pasillos del Congreso se cuecen muchas cosas, sí, pero sobre todo, se escuchan. Y hoy he escuchado de todo. “Hay que dejar hablar más a Pablo Iglesias para que la siga liando”. “Venimos sabiendo que esto no va a servir de nada”. “Albert Rivera está siendo muy soso”. “En el fondo todos queremos nuevas elecciones”. Y así un sinfín de comentarios que retumbaban en mi cabeza mientras mis piernas, y hasta mis cejas, decían basta. Cansancio que bailaba con el de los otros compañeros y que ha dado un brinco al escuchar al presidente del Congreso, Patxi López, anunciando que se adelantaba la votación.

1456914516970.jpgDesde esos pasillos he visto hacer PERIODISMO y propaganda pero, sobre todo, he sentido el trabajo en equipo y la pasión por contar. Pasión que solo entendemos nosotros y que es la culpable de hacernos sonreír a pesar del cansancio y las ojeras. Pasión que no siempre se traduce en competencia salvaje. Pasión por asistir a un momento histórico que, seguramente, no se estudiará en el futuro (tal y como apuntaba con ironía Mariano Rajoy) pero que siempre quedará en nuestra memoria y en las batallitas  que pueda contar algún día a mis hijos o a mis nietos.

Y todo para que el claro ganador de la investidura haya sido Iñaki Urdangarín que seguramente habrá agradecido infinitamente quedar en segundo plano mientras declaraba en la Audiencia de Palma por el caso Nóos.

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